27 de mayo de 2012

TEATRO | "Todo" de Rafael Spregelburd | Moderno y posmoderno


Por Sandra Ferreyra

"Todo" es un pronombre indefinido, una palabra sin un referente determinado cuyo sentido señala totalidad. La obra de Spregelburd, en principio, hace pasar la relación de lo ideológico y lo social por esta particular función del lenguaje, esta imprecisa relación entre forma y contenido. La historia se organiza en tres cuadros que se presentan como las respuestas a preguntas por el devenir ideológico de tres cosas que cualquier sociedad consideraría partes importantes del todo que constituye: ¿Por qué el Estado deviene burocracia? ¿Por qué todo arte deviene negocio? ¿Por qué toda religión deviene superstición? 

Impresos sobre una pantalla al inicio de cada cuadro, estos interrogantes anticipan el eje de la situación que se va a desarrollar en la escena, a la manera de las proyecciones y carteles brechtianos. No es un dato menor que esta obra le haya sido solicitada a su autor por un teatro de Berlín en ocasión de un festival sobre ideología e identidad; hay mucho de teatro épico, de la mejor tradición alemana, en el modo de contar que se propone: la discontinuidad de la acción en cuadros independientes, el narrador en off que interactúa con los personajes pero que también aporta citas míticas, filosóficas y religiosas, la ruptura de la ilusión teatral, el gestus como técnica de actuación. 

El primer cuadro muestra a un grupo de burócratas agobiados por una rutina que se sostiene en el ejercicio de la sospecha, la obsesión, la mentira, en fin, la ficción. Jefes que cumplen sus tareas imaginando que son dioses del Olimpo, empleados que arman estrategias en el baño para mostrar que no están circuncidados, empleadas que queman dinero para ganarse la confianza de sus compañeros. En el segundo cuadro, una cena navideña se intelectualiza. La pavita tiene que esperar a que los comensales terminen de discutir a cerca de los valores absolutos y particulares en la era del posmarxismo. El tercer cuadro se desarrolla en la cocina de un departamento. Un hombre vende historias para niños mientras su mujer permanece en la casa aterrada por la posibilidad de que su hijo recién nacido muera. Cada situación cuenta con un narrador que despliega su punto de vista en abierta complicidad con el espectador, pero que también le recuerda con sutiles comentarios que es una simple estrategia del relato. 

Todo tiene la virtud artística de recuperar en la escena lo moderno y lo posmoderno y articularlo en una tercera categoría, sin nombre aún, un todo en el que todavía vale la pena argumentar sobre el Estado, el arte y la religión. En este sentido, la obra de Spregelburd adquiere, por momentos, el valor de un manifiesto. 



"Todo" de Rafael Spregelburd. Con Pablo Seijo, Mónica Raiola, Alberto Suárez, Andrea Garrote y Rafael Spregelburd. Actor suplente: Mariano Sayavedra. Música: Zypce. Asistencia de dirección: Lalo Rotavería, Ignacio Bozzolo, Gabriel Guz. Escenografía e iluminación: Santiago Badillo. Asistente de escenografía: Ignacio Bozzolo. Vestuario: Julieta Álvarez. Producción: Corina Cruciani. Viernes, 20 hs. Teatro Beckett, Guardia Vieja 3556. Localidades: $65, Estudiantes y jubilados: $45. 

22 de mayo de 2012

TEATRO | "Hernanito" de Alejandro Acobino | Cumbia evangelista, y de la buena



Por Ximena Zabala

¿Sabés lo aburridas que son las páginas web de las empresas metalúrgicas? le pregunta en un momento el dueño de la pyme, Juan Jorge, a su único empleado, y luego le pide consejo: ¿Qué hago?, le dice al negro. ¿A la nuestra le pongo chistes o no le pongo? El poder de este dubitativo jefe se evidencia precisamente en la posibilidad de atormentar continuamente a su subalterno con cuestionamientos, de los más absurdos, que él no puede resolver. Bueno, como casi todos los jefes. Y así, como una cosa únicamente surge cuando logra distinguirse plenamente de aquello que no es ella, Juan Jorge solo aparecerá nítidamente cuando Oriundo, el obrero evangelista, despliegue todos sus matices. A partir de ese juego de espejos y contrapuntos emocionales y políticos crece la obra.

Hernanito se repone los domingos en el teatro No Avestruz de Palermo luego de la muerte de su guionista y director, Alejandro Acobino. Mantiene, en esta segunda vuelta, la dupla actoral original, Rodolfo Demarco y Fernando Gonet. Acobino estudió un par de años de Química y es evidente que algo aprendió. No solo por las tensiones y los climas que logra equilibrar en escena, enriquecidos por un excelente manejo de la luz y el sonido, sino también porque la fórmula Demarco/Gonet difícilmente pueda ser más noble. A Hernanito hay que verla, amarla, putearla, odiarla y pensarla. Irritará quizá su escepticismo, pero no sin dejar huella. En fin, tango que me hiciste mal y sin embargo...100% recomendable.  

"Hernanito". Dramaturgia y dirección: Alejandro Acobino. Actúan: Rodolfo Demarco y Fernando Gonet. Director asistente: Ezequiel Delfino. Diseño de iluminación: Marco Álvarez. Escenografía y vestuario: Rodrigo González Garillo y Amelio Cardozo Gil. Domingo, 19 hs. NO AVESTRUZ, Humboldt 1857. Entradas: $ 50 y $ 40 (estudiantes y jubilados). 

16 de mayo de 2012

TEATRO | "Tempeste" de Pepe Márquez | En medio de la tormenta



Por Guillermina Gandola

Quizá la tormenta sean las almas de hombres danzando al compás del viento, quizá sean hadas exaltadas aleteando sus alas o un Dios soplando muy fuerte… En el caso de Tempeste fueron hombres con extremidades transparentes, texturadas y en constante movimiento.

Tempeste es un proyecto que lleva más de un año de experimentación desarrollado por El Grupo Ensamble Tempeste que propone representar a través del cuerpo, una fragmentación sensitiva de La Tempestad, escrita por el dramaturgo inglés William Shakespeare en el Siglo XVII y representada por primera vez en 1611.   

La obra se sumerge en el texto de Shakespeare y lo reinventa, lo deshace y lo rearma con el cuerpo, los sonidos primitivos, las risas, la furia, el dolor, la imposición y compasión. Busca resignificar los elementos del teatro: los actores, la escenografía, el vestuario, la música y la voz, sin palabra, como uno de los recursos fundamentales para contar esta historia de tiempos de colonización y descubrimientos de tierras desconocidas como América. 

Es una obra de teatro físico, danza con marionetas y cuerpos en movimiento sobre los que se creó la estructura rítmica que le dio vida a la música original y orquestal producida por Tempeste como base de la escenografía sonora. Los vestuarios son livianos, trasparentes y también están vivos, se fusionan con el actor y se alimentan mutuamente creando así una ilusión sobrenatural para el espectador. 

"Tempeste". Concepción visual, escenografías dinámicas y vestuario: Azul Borenstein. Música. Fabio Zurita. Luces: Gonzalo Berdes. Marionetas: Azul Borenstein y Mélina Repond. Bailarines actores, manipuladores, en elencos alternativos: Próspero: Atilio Schweizer, Clever Aderino Naim Allaime. Miranda: Natalia Mariel, Giovanna Carimati. Fernando: Lizandro Tadgom, Esteban Esquivel. Manipulan a Ariel: Laura Tugentman, Pedro Carlos De Simone. Realización de escenografías dinámicas: Clara Ventura, Mélina Repond, Lucía Lossada, Betania Rabino, Ana Latini, Natalia Goldraich, Flor Szwed, Tamara Varela. Realización de Vestuarios: Betania Rabino y Ines Robotti. Realización de marionetas: Clara Ventura, Ana Latini, Flor Szwed, Natalia Goldraich. Realización de tocados y pelucas: Lucía Lossada. Maquillaje: Tamara Varela. Producción: Iris Intilangelo. Dirección, coreografía y dramaturgia. Pepe Márquez. Jueves a las 21 hs. C.C. de la Cooperación, Av. Corrientes 1543. Entrada: $60.

11 de mayo de 2012

TEATRO | "La laguna" de Agostina López | Como una stop movie


Por Ximena Zabala

El auto en algunas familias es como otro integrante, se nos parece a veces más que un hermano, nos ha visto sufrir y disfrutar. El auto para algunos es un gran compañero. Hay artistas que miden su vida en discos o en libros que recuerdan etapas desde su obra, pero muchas familias pueden contar su historia a partir de sus autos, en La Laguna el auto funciona casi como un cuarto personaje. Si esta obra fuese una película no sería una road movie, sería una stop movie. En este rato que se toman un padre y sus dos hijas para estirar las piernas antes de seguir camino a casa de la abuela enferma pasa todo. Y  pasa alrededor del auto detenido cerca de una laguna. 



Denise Groesman interpreta a María, la más extrovertida e hinchapelotas de las hermanas que sin dudas, es el personaje que mueve la trama. Martina Juncadella es Lucía, la hija tímida y tierna y Germán Da Silva es el padre. Ellas viven una adolescencia dilatada y este rasgo de inmadurez muy probablemente les venga de su padre, que no quiere arrancar el auto ni enfrentarse a la posible muerte de su madre. Sin embargo hay cierta medida de la realidad que, por más que se nieguen a descubrir, va emergiendo durante la obra, como en una laguna donde la profundidad es tan escasa que deja llegar los rayos de sol hasta el fondo. Son tres personajes transparentes de pliegues evidentes que se empeñan en ignorar cualquier situación que les genere dolor, la muerte, la separación, el paso del tiempo. Afortunadamente todo lo melancólico en la obra se narra en clave cómica, que es siempre el mejor modo de enfrentar al sufrimiento. 

"La Laguna" de Agostina Luz López. Actúan: Martina Juncadella, Denise Groesman y Germán De Silva. Domingo 20.30 hs. Camarín de las Musas, Mrio Bravo 960. Entrada general: $ 50. Jubilados y estudiantes  universitarios: $ 35 (presentando acreditación) 


4 de mayo de 2012

TEATRO | “Puig 70. Lo que calma el ansia de los muertos” de Laura Córdoba | Lo que pasa con lo que no se ve

Por G. C. R.



Lo que pasa con el alma es que no se ve
Lo que pasa con la mente es que no se ve
Lo que pasa con el espíritu es que no se ve
¿de dónde viene esta conspiración de invisibilidades?

Alejandra Pizarnik


Puig 70. Lo que calma el ansia de los muertos es una obra intertextual con The Buenos Aires Affair de Manuel Puig (1973). No se trata de una adaptación ni pretende ser una traspolación de la narrativa al lenguaje escénico. Se trata de una apuesta particular que evoca el universo literario de Puig por otros medios. Si allí podemos encontrar, básicamente, tres microhistorias, de las cuales, al menos una, nos permite reconocer directamente a los personaje de la novela, Gladys D’Onofrio –una artista plástica - y Leopoldo Druscovich -el hombre que la seduce y somete-, hay otras cuestiones de peso en las que reconocemos la esencia de The Buenos Aires Affair: algo que inquieta, algo que incomoda, algo que parece ponernos en alerta de que lo peor es aquello que potencialmente está por venir.

En efecto, los tres paneles que componen Puig 70 son microhistorias de violencia, de tormento, de pasión y muerte. La primera de ellas es la que mencionábamos, la historia de Gladys, que ha sido secuestrada por su amante, Leopoldo, y atada a la cama de un hotel para evitar que asista a su propia muestra de arte. La segunda es la historia de un joven militante enamorado de un estanciero a quien, a pesar de ser correspondido, lo asesina, se suicida y no entiende por qué puede continuar hablando en una dimensión distinta a la de los vivos. El tercer panel alude claramente a la tragedia de Medea: la mujer celosa que cobra venganza liquidando a su propia descendencia.

Más allá de los núcleos temáticos que cohesionan los tres paneles, hay una decisión sostenida a lo largo de la obra que le impone al espectador la tensa inquietud de no ver a los actores dialogando. En la escena de Gladys y Leo, un collar de perlas estalla como la voz del monólogo femenino que oiremos proyectarse desde atrás. Esa voz nos dice de sus miedos, del peligro del deseo y del amor. La segunda microhistoria extrema el recurso: toda ella divide el espacio teatral ya que ocurre detrás de un bastidor situado a espaldas del espectador. No son solo voces las que se emiten desde ese lugar, algo ocurre verdaderamente allí donde nos vemos tentados de girar y mirar. De tal modo, la sala se divide, por un lado, en una zona iluminada frente al público, donde nada ocurre y, por otro, en una zona oscura y obscena justificada por la presencia de la muerte. En el tercer cuadro, sabemos del filicidio a través de una nota periodística proyectada con una linterna sobre una sábana. Otra vez, el juego con el espacio dice más que las palabras, pero en esta ocasión, a través de la verticalidad: encumbrada en lo alto, “Medea celosa” observa al varón que la engañó.              

Contextualizada en los fervorosos años ’70, la obra luce un vestuario que se acopla a un permanente juego de contrastes. Si los hombres visten trajes neutros, oscuros; las mujeres aparecen engalanadas con vestidos de la época y pantalones Oxford que combinan con las vinchas que adornan las revueltas cabelleras. Otros objetos se sitúan en el mismo contexto, entre ellos, unos zapatos de plataforma que quedan abandonados en el escenario y un tocadiscos que emite el famoso “Pata pata”.  Pero, ¿qué es lo que calma el ansia de los muertos en esta obra? ¿Qué brebaje les sirve de sosiego? ¿Qué remedio para tanto mal? Si Puig nos enseñó que las radionovelas, los folletines, el melodrama y el cine podían funcionar como enmiendas contra una vida fría, seca y aburrida; en Puig 70, hay un parche clave: por momentos, la música distiende y alegra al tiempo que colisiona como el juego de luces y sombras que se proyecta en todo lo demás y que, al final, nos ayuda a respirar devolviéndonos un poco de vida. En Puig 70, lo que no se ve, lo que ingresa por otros sentidos, por el oído, fundamentalmente, parece recordarnos que, más allá de lo que podemos ver, existe toda una conspiración de invisibilidades, entre ellas, la de las palabras.       


"Puig 70. Lo que calma el ansia de los muertos" de Laura Córdoba. Actúan: Marina Bazzolo, Damian Frusciante, Ricardo Lago Oliveira, Guido Silvestein, Lorena Szekely. Vestuario: Mercedes Piñero. Escenografía: Mercedes Piñero. Diseño de luces: Miguel Solowej. Música: Eduardo Bertaina. Asistencia de dirección: Lucila Arietti. Producción: Lucila Arietti y compañía “La inspiración de los niños”. Coreografía: Vivian Luz.  Domingos, 20.30 hs. La Carbonera, Balcarce 998. Entrada: $ 50.