Por Sylvia Nadalin
El cordobés Fernando López, autor de varias novelas y relatos policiales premiados en el país y en el extranjero regresa a la escena literaria con una provocadora serie de episodios protagonizados por un detective que tiene la impronta de la exclusión tanto de los códigos del género negro como de la sociedad clasemediera y conservadora de la otrora docta y clerical Córdoba mediterránea.
Felipe Gallo y Yésica Gómez saben que no hay futuro posible sin un nombre que imponga estatus. Hay que nominar como nominan los cultos para ser bendecido por su aura, más aún para ejercer una actividad tan primer mundo como la detectivesca.
A partir de este prejuicio (confirmado por su experiencia de exclusión), nace Philip Lecoq (en su versión francesa), un joven de 22 años, desocupado y ratero (“roba porque no tiene laburo”) que se enamora en una comisaría de La Yési, una piba adolescente que se prostituye para vivir, quien al curarle las heridas que le deja la fuerte golpiza policial lo convence de reencauzar su vida a través de una profesión honesta y románticamente admirada, la de detective.

Las rupturas se evidencian también en sus rescates literarios: López incorpora y visibiliza los márgenes de Córdoba, aquella que habla, trabaja, desea y sueña con otro lenguaje, otros valores y otros (pocos) recursos. Phillip y La Yési son una realidad arrolladora de esos “otros” que sobreviven tejiendo lazos solidarios y peleando contra los mecanismos de silenciamiento que imponen los que presiden la normalidad.
Normalidad que es retratada a través de un escritor fantasma contratado por Philip para narrar sus mejores casos, los que deben ser adornados con “el humo de cigarros, la noche oscura, el whisky añejo y la lluvia torrencial”, un guiño paródico a los estereotipos del género. Aquí el campo de la literatura abre un espacio a la cultura no letrada pero con una cláusula: las opiniones que Philip quiera agregar al relato del escritor deberán ir entre paréntesis; casi una metáfora de sus propios límites sociolinguísticos.
Quien le aconseja estos trucos es CQ (“apócope o algo así de Cara Quemada”) un personaje que supo mantener un equilibrio inestable con la ley, una especie de detective malogrado con una historia personal secreta y un perfil que rescata las mejores y más oscuras figuras de la novela policial.

Novelas breves, difíciles de encasillar, tramas simples pero atractivas, personajes queribles que recorren escenarios cotidianos de Córdoba, lenguaje híbrido que recrea modismos y giros que otorgan verosimilitud a los diálogos entre personajes que, al fin (!), tienen un lugar heroico en nuestra literatura.
Los tres episodios fueron editados por la Editorial Raíz de Dos.
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