5 de julio de 2013

ENTREVISTA | Ernesto Baca | El creador de Vrindavana, una película que "te mira"




Por Guillermina Gandola

Vrindavana es una reconocida localidad del norte de la India y su significado proviene del nombre de su dueña Vrinda-Devi y la palabra “vana” que significa bosque. La popularidad de este lugar se debe a que en estos bosques pasó su juventud Krishna, uno de los dioses más importantes de la cultura hindú. 

Vrindavana es un lugar sagrado; idílico, donde conviven la urbanidad y la vida salvaje en todas sus formas: autos y vacas, bicicletas y monos, árboles y templos. 

Vrindavana es también el documental dirigido por Ernesto Baca, quien a través de un viaje netamente sensorial, exhibe este lugar sagrado y mágico donde el espectador podrá observar rituales religiosos, coloridas vestimentas, polvo, cielos impactantes, texturas, dioses, bailes hipnotizantes, fuego, miradas, animales, urbanidad, oración y devoción.

¿Cuál fue el motivo original que te llevó a la realización de Vrindavana?

Siempre tuve un interés especial por lo espiritual. Desde chico, tenía la afición de cantar “om” sin saber qué era. A medida que fui creciendo me volví muy muy ateo. Después me di cuenta de que ser ateo contenía a Dios, también. Cuando descubrí la India y me contaron que hubo un Dios, Krishna, que vivió 16 años en un pequeño pueblo al sur de Nueva Deli, era algo que excedía toda posibilidad de imaginación. Entonces comencé a estudiar de qué se trataba todo esto, cuáles eran las alegorías que escondían todas estas narraciones del pasado. Así descubrí Vrindavana. Esto me llevó a la idea de hacer una película sobre Vrindavana.    

¿Qué aspectos de la India fueron los que particularmente "tocaron" por decirlo de alguna manera, e inspiraron la película?

En un momento empecé a ver que la cultura hindú era muy diferente a la occidental y comencé a formalizar un registro de todo aquello que me parecía sorprendente, por ejemplo, la devoción. Esta no es propia de la vida religiosa, sino que va mucho más allá, está en los actos cotidianos, en las miradas de las personas –de algunos sabios y santos peregrinos que deambulan libremente por el espacio-, en la tranquilidad de los animales, etc.

Durante el film se notan las miradas directas de las personas hacia la cámara, ¿cuál fue la reacción en general de los lugareños hacia tu equipo? 

El hindú tiene la particularidad de detectar cómo uno está sintiendo los momentos, con qué respeto se los aborda, al principio nosotros sentíamos que éramos los invasores pero luego nos dimos cuenta de que nosotros éramos los invadidos, ellos nos empiezan a mirar a nosotros, no nosotros a ellos…, la película te empieza a mirar a vos.   

La mirada a cámara suele relacionarse con un cine que se pone en evidencia, pero en este caso, no pareciera ser así. ¿Cómo definirías el papel que cumple esta mirada en la película?

Cuando hay contemplación el artilugio del cine se hace transparente.

¿Qué fue lo que más te impactó de Vrindavana como lugar geográfico? ¿Y en relación a sus habitantes?
Como lugar geográfico nada. Como lugar espiritual todo.
Vrindavana es un lugar que está fuera del tiempo a tan poca distancia de Nueva Deli, una ciudad cosmopolita. Si uno profundiza más toda la topografía del espacio es completamente mística y pertenece muy poco al mundo porque la gente experimenta allí realizaciones místicas. Esto último fue lo que me impactó en relación a sus habitantes.

En una de tus reflexiones decís que cuanto más personal es nuestra mirada, más nos alejamos del mundo de las apariencias, de las crónicas. Según tu experiencia, ¿cuál fue el sentimiento que más perduró durante la realización del film y que guió a ese ojo inquieto en la captura de las imágenes?

La conciencia que se experimenta en Vrindavana es algo que no se puede describir con palabras. Solo podemos visualizarla a través de los síntomas de esa conciencia, por ejemplos, los rasgos, las expresiones, la forma de caminar de las personas, todo esto transmite cierto estado de conciencia. Así como un pintor transmite su estado de conciencia cuando pinta un cuadro, de la misma forma intento plasmar dicha conciencia mediante la cámara. “Sentir con” es “ser con-ciente”.

Hay un excelente e interesante trabajo con el sonido y la música, ¿Qué podrías comentar sobre este tratamiento?

Tuve la suerte de trabajar con un sonido directo ejecutado por Emiliano Biañ quien me sugería las mejores puestas de cada momento teniendo como principal consigna estar lejos del equipo de cámara. Así se crearía una distancia entre lo visto y lo escuchado. En esa divergencia nace lo expresivo. Después fue la magia de Gaspar Scheuer (director de Samurai, film que está actualmente en cartel*) quien diseñó la mezcla.  
Mucha de la música fue donada por músicos que nos acompañaron en el peregrinaje. Además hay un tema que George Harrison donó, años atrás, a una importante misión de prédica de conciencia de Krishna.

¿La duración de las tomas tiene que ver con lo contemplativo/ meditativo de la cultura hinduista o responde a otra razón?

Sí, tiene que ver con ejecutar una mirada contemplativa. Y esas secciones de tiempo fueron elegidas de acuerdo a los diferentes humores que se experimentan en cada momento del día, ya que estos cambian según la posición del Sol. Esa duración, con las cuales decidí pegar una toma con otra, corresponde a lo que los occidentales conocen como escalas Fibonacci.

Vrindanvana se exhibió en el BAFICI y ahora se estrena. ¿Cómo crees que fue recibida por el público en exhibiciones previas y cuáles son tus expectativas con el estreno ahora?

En el BAfici fue una premiere, ahora estamos con un pre-estreno, ya hubo un estreno televisivo y también la proyectamos en Bariloche, Mar del Plata y Rosario. A partir de las exhibiciones, nos encontramos que hay mucha simpatía por descubrir ese territorio de la conciencia espiritual llamado India. Nos encantaría que la gente se pudiera acercar a una nueva experiencia, a lo inimaginable.

* Nota de la redacción.


"Vrindavana" de Ernesto Baca. Argentina, 2010, 90'. HD. Color. Pre-estreno en Centro Cultural Borges, San Martin esq. Viamonte. Pabellón 4, Sala Norah Borges. Martes de julio, 20 horas. Hasta el 30/7. Entrada: $ 30/ $20.

1 comentario:

Edgardo Cozarinsky dijo...

Película imprescindible para quienes el cine sigue siendo vehículo de poesía.