12 de marzo de 2015

CINE | "Siempre Alice" de Glatzer y Westmoreland | Julianne Moore no recuerda, pero cómo actúa



Por Alba Ermida

Innegable o reconociblemente hollywoodense, Siempre Alice juega con la ventaja del tema, de por sí doloroso y emocionante. Sin embargo, se contiene en melodramatismo y es generosa con los detalles.

La dupla de directores y guionistas, Richard Glatzer (cuya muerte se dio a conocer hoy)  y Wash Westmoreland, apuesta por contar el drama de esta enfermedad sin cura desde un doble punto de vista: con una cámara que persigue la cara de la protagonista y retrata en primera persona el sufrimiento del Alzheimer y con la presencia de tres hijos y un marido, la familia feliz americana, que redundan en el sufrimiento de una enfermedad que no sólo afecta a quien la padece. 

Con una realización discreta y una base absolutamente burguesa en cuanto a personajes, dirección de arte, conflictos derivados del detonante de la trama (de ahí lo hollywoodense), la película acierta en no juzgar a los personajes, en dejarlos ser, intervenir, mostrarse a partir de un desencadenante dramático. Un retrato humano de múltiples caras, personalidades y roles que cumple cada miembro de la familia. Las contradicciones están presentes todo el tiempo: una hija pequeña que no cumple la proyección que su madre hace de ella pero que sufre en la distancia el paulatino proceso de desconocimiento de su madre; un marido que promete estar “pase lo que pase” y sin embargo se da cuenta de que él tendrá una vida después de la ausencia de su mujer y no la quiere dejar escapar por cuidarla. Una hija mayor que critica la ausencia de su hermana pero también elige seguir con su vida de madre primeriza evitando el dolor de convivir con una madre que ya no los reconoce.

La secuencia que se lleva la palma por meter el dedo en la llaga de lo moral es el intento de suicidio -eutanasia virtual, pues es la protagonista recién diagnosticada la que le habla desde un vídeo a la protagonista ya vencida por la enfermedad. Pero como el destinatario primero de la cinta es el público conservador estadounidense, el intento resulta frustrado. Una resolución casi de penitencia divina a lo que podría ser la solución al sufrimiento.

Por supuesto, no se puede dejar sin mencionar el trabajo brillante de una Julianne Moore merecedora y ganadora del Oscar. Apoyándose en los detalles mínimos de la interpretación, consigue un perfecto deterioro de su personaje: una mirada perdida, un gesto de despiste, una cara de vergüenza que evidencia su micción incontrolada, el temblor de una mano que no recuerda cómo atarse los cordones o el tono impostado en el halago a una actriz que no reconoce como su hija.

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